
La imagen es la reproducción de una pintura (aguada y lápiz) de Egon Schiele titulada “Dos muchachas acostadas pies contra cabeza” (1915) cuyo original mide 32.8 x 49.7 cm. La reproducción que yo estoy viendo está en un libro[1] y mide 12 x 19 cm.
La imagen es a primera vista confusa, el cuadro está casi lleno, las figuras parecen contenidas por los márgenes del papel. Son dos mujeres recostadas con las cabezas opuestas, una vestida y la otra desnuda (excepto por medias y zapatos que aun lleva puestos). Uno asume que están recostadas por la postura de los cuerpos, pero el artista no ha pintado cama, sabanas ni cojines; las figuras están flotando en el espacio del papel, nada fue puesto en la hoja sino ellas mismas.
La piel de la modelo desnuda, pintada con aguadas cafés, está matizada con verdes y rojos que dan la sensación de abundante sangre corriendo por sus venas, las mejillas, el cuello y pecho sonrojados dan la impresión de que esa postura relajada, con la cabeza echada para atrás y los ojos entrecerrados, fue apenas tomada. Los rasgos de su cara están bien definidos, los ojos claramente dibujados, pero su mirada está perdida, no mira nada en especifico, está en otra parte y su única conexión con su mundo es la mujer de vestido verde a la que envuelve con su brazo derecho. Ésta, cuyo rostro está estructurado de forma parecida al otro, con la diferencia de que sus ojos son apenas dos puntitos, mira a su compañera con una sonrisa insinuada y complaciente. Seguramente la mirada del pintor estaba también en la mujer desnuda, ella es el personaje principal, todas las miradas están sobre ella; su piel, su rostro, la ondulación de su cuerpo y su mano tensa, parecen haber llevado el mayor detenimiento y detalle.
Este no es sólo un desnudo, es el retrato de un momento íntimo entre tres personas; el lazo emocional del pintor con la modelo desnuda (a la que puso mayor cuidado al pintar) y el de esta con la modelo de verde (a quien abraza y quien la mira). Los trazos rápidos y contundentes y las actitudes de las modelos dan la impresión de que la pintura fue hecha no solo en corto tiempo, sino inmediatamente después (o como parte de) interacción erótica.
La naturaleza íntima y erótica de este cuadro es lo que lo hace controvertido, pero también lo que lo hace más real, auténtico, los personajes no son estatuas de mármol ni diosas lejanas, son alcanzables, el cuadro ubica al espectador dentro de la escena, la mujer que muestra su desnudez la muestra al espectador que al contemplar el cuadro se hace parte de él; lo que genera pudor, incomodidad o incluso rechazo hacia este cuadro no es el contemplarlo sino el ser visto contemplándolo y ser parte del cuadro. Pero si es olvidado este mundo y su tabú entonces uno corre el riesgo de ser tocado por el cuadro y esa es una experiencia digna de vivirse.
[1] Schiele , editorial Númen 2006
La imagen es a primera vista confusa, el cuadro está casi lleno, las figuras parecen contenidas por los márgenes del papel. Son dos mujeres recostadas con las cabezas opuestas, una vestida y la otra desnuda (excepto por medias y zapatos que aun lleva puestos). Uno asume que están recostadas por la postura de los cuerpos, pero el artista no ha pintado cama, sabanas ni cojines; las figuras están flotando en el espacio del papel, nada fue puesto en la hoja sino ellas mismas.
La piel de la modelo desnuda, pintada con aguadas cafés, está matizada con verdes y rojos que dan la sensación de abundante sangre corriendo por sus venas, las mejillas, el cuello y pecho sonrojados dan la impresión de que esa postura relajada, con la cabeza echada para atrás y los ojos entrecerrados, fue apenas tomada. Los rasgos de su cara están bien definidos, los ojos claramente dibujados, pero su mirada está perdida, no mira nada en especifico, está en otra parte y su única conexión con su mundo es la mujer de vestido verde a la que envuelve con su brazo derecho. Ésta, cuyo rostro está estructurado de forma parecida al otro, con la diferencia de que sus ojos son apenas dos puntitos, mira a su compañera con una sonrisa insinuada y complaciente. Seguramente la mirada del pintor estaba también en la mujer desnuda, ella es el personaje principal, todas las miradas están sobre ella; su piel, su rostro, la ondulación de su cuerpo y su mano tensa, parecen haber llevado el mayor detenimiento y detalle.
Este no es sólo un desnudo, es el retrato de un momento íntimo entre tres personas; el lazo emocional del pintor con la modelo desnuda (a la que puso mayor cuidado al pintar) y el de esta con la modelo de verde (a quien abraza y quien la mira). Los trazos rápidos y contundentes y las actitudes de las modelos dan la impresión de que la pintura fue hecha no solo en corto tiempo, sino inmediatamente después (o como parte de) interacción erótica.
La naturaleza íntima y erótica de este cuadro es lo que lo hace controvertido, pero también lo que lo hace más real, auténtico, los personajes no son estatuas de mármol ni diosas lejanas, son alcanzables, el cuadro ubica al espectador dentro de la escena, la mujer que muestra su desnudez la muestra al espectador que al contemplar el cuadro se hace parte de él; lo que genera pudor, incomodidad o incluso rechazo hacia este cuadro no es el contemplarlo sino el ser visto contemplándolo y ser parte del cuadro. Pero si es olvidado este mundo y su tabú entonces uno corre el riesgo de ser tocado por el cuadro y esa es una experiencia digna de vivirse.
[1] Schiele , editorial Númen 2006
La obra me trae a la mente el erotismo de algunas obras de Toulouse Lautrec, me surge la pregunta ¿Estaria influenciado por este artista? obras como "las dos amiga" pintado en 1895, "mujeres semidesnudas de espalda" y "El sofa" de 1894, en mi punto de vista por el trazo ligero y la paleta que utilizo me hace pensar en que pudo estarlo...
ResponderEliminarme gusto mucho como escribiste, realmente te envuelve en la obra y te pone a reflexionar en lo que dices y si. Casi pareciera una fotografia de un instante que esta pasando o acaba de pasar. pueden ser cuerpos inmoviles pero, puedes ver hasta su respiracion. y somo tu dices si es que llega a incomodar no es por la imagen sino, porque "estas viendo"esta escena.
ResponderEliminarLa verdad, está muy bien hecha tu descripción y la manera en la que la interpreta, así como tu juicio. Considero que el cuadro solo puede causarle incomodidad a personas cn muchos tabus, no en general.
ResponderEliminarLa obra transmite la emoción y sensación de artista al realizarla, incluso podría decir que fue espontaneo y relajado el momento en el que la hizo, probablemente con la escena presente o simplemente fue un algo que se le ocurrió en el momento. Incluso me lo imagino a él acostado dibujando a los personajes.
si el hecho de ser espectador te hace cómplice, y eso para el mismo espectador es inaceptable, pero dejando el lado moralista que la obra pueda afectar, es un dibujo muy bello, con mucho movimiento, y esa paleta en tonos tan pálidos genera mucha tranquilidad al observar la imagen "después de la tormenta viene la calma".
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